Narcoméxico Cyberpunk (memorias de un país asesinado)

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I ACRACIA

Para quien no sepa quién es Acracia,

ella es el rostro pintado,

el rostro que aparece y lo  mira a uno todo el tiempo,

el rostro que se pone a aullarle a la luna,

en el curso de un viaje nocturno por una de las carreteras más infernales del mundo.

Poco antes de dejar de mirar la escena, la poesía y el horror del momento me hicieron tomar esta foto…

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II EL AHORCADO ESTELAR

La bateria de la soga electroluminiscente se habia agotado.
Deimos y Fobos ya habían salido pero la silueta seguia allí, inmóvil, sin hacer caso de las señales.
Hacía mucho tiempo que se había oído el canto de las golodrinas eléctricas y las luces de la ciudad brillaban constantes, allá, a lo lejos.

PERO EL CUERPO NO RESPONDÍA NADA, siguió en la misma postura que antes, la información contenida en su memoria ya había sido vaciada y su sangre ya sólo era una mezcla informe de heroína y adrenalina.

Poco antes de dejar de mirar la escena, la poesía y el horror del momento me hicieron tomar esta foto…

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III DECAPITADO MATRIX

La cabeza del decapitado ya sólo era una masa informe en descomposición, aún así  decidieron conectarla a los lentes-matrix para ver qué podían obtener.

Pasado un momento, la pantallita de control dio muestras de actividad y las letras holográficas comenzaron a aparecer en cascada, luminosas, repitiendo un único mensaje:

De qué sirve estar tan lleno de vida,
si vives rodeado de muerte todo el día.

De qué sirve estar tan lleno de vida,
si vives rodeado de muerte todo el día.

De qué sirve estar…

Después, la señal de sus ojos se fue apagando lentamente.

Poco antes de dejar de mirar la escena, la poesía y el horror del momento me hicieron tomar esta foto…

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IV SICARIO-ART

Cuando voy a San Pixelitos siempre tomo el distribuidor publiempresarial.
Es mucho más caro pero en él me distraigo viendo las nuevas tendencias del Sicario-Art, al tiempo que divago con mi mirada puesta en el cielo púrpura de la tarde.

7.45 pm: Me bajo del auto como si fuera un forastero y siento la caricia de la llovizna. Camino un poco hacia el límite para mirar hacia abajo, a la carretera pública, donde muchos son “levantados” para seguir alimentando a la pantalla.

Regreso al auto y, al sentirme, la neuroradio comienza a tocar de inmediato:

I was born in a cross-fire hurricane
I was drowned, I was washed up and left for dead.
I fell down to my feet and I saw they bled.
I frowned at the crumbs of a crust of bread.
Yeah, yeah, yeah
I was crowned with a spike right thru my head.
But it’s all right now, in fact, it’s a gas!
But it’s all right, I’m Jumpin’ Jack Flash,

It’s a gas!  Gas!  Gas!”

Poco antes de dejar de mirar la escena, la poesía y el horror del momento me hicieron tomar esta foto…

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V REFINERIA MUTILACIÓN

Las manos y cabezas extraviadas, al juntarse con las rosas virtuales, huelen a chocolate y vainilla. Me fascinaron desde que pasé por las murallas de  Refinería Mutilación.

De repente, una mano lanza su último reflejo y se desploma sobre las rosas, que caen como cascadas interminables y heladas.  Ls piezas se elevan penosamente algunos centímetros para aplastarse en seguida contra los cuerpos de los que han sido exiliados.

Poco antes de dejar de mirar la escena, la poesía y el horror del momento me hicieron tomar esta foto…

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VI EL ÚLTIMO HABITANTE

La noche despertó con una cascada de colores, intento escapar de mis secuestradores y acercarme a la luz que se cuela entre las hojas. Salgo al patio, doy tres zancadas y me hundo en el suelo viscoso de sangre y extremidades.  Las ramas del árbol han cambiado a cuerdas viscosas, a manos mutiladas que se esfuerzan por atraparme; tengo la impresión de penetrar un pulpo. En un instante los tentáculos ya han rodeado mis piernas, sólo dejarán rodajas…

VII HOLOCAUSTO XOCHIMILCO

La fila de autos vacíos estacionados en las calles era inmensa, el último convoy de camionetas tuvo que transitar por la banqueta para poder llegar al embarcadero.

Los sicarios y algunos halcones descendieron de los vehículos y se quitaron sus trajes de exoesqueleto, saberse responsables de haber acabado con el mundo les orilló a aspirar con mayor vehemencia el aire fresco y fijarse por última vez en todos los colores de la noche.

Después, caminaron entre restos de brazos, cabezas, ropa y periódicos para llegar a la orilla del lago; se despojaron de sus armas electroluminiscentes y lentamente, formados y en completo silencio, fueron descendiendo uno a uno al agua hasta quedar completamente cubiertos por los lirios verdosos. Pronto, sus pulmones estallaron ante tanto líquido.

En la superficie, las aguas finalmente se aquietaron y el embarcadero quedó en el más absoluto de los silencios. A lo lejos, la luz de las estrellas inundaba la noche.

Doctor Jorge Alberto Lizama Mendoza, 4 de septiembre de 2016

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