COMPETITIVIDAD: Pilar del capitalismo y azote de la humanidad

cybermedios-competitividad-ideologia-1
De nuevo el incesante goteo de noticias y las consiguientes diatribas lanzadas desde las atalayas del poder, situadas en los medios de comunicación, ponen en primera plana un concepto considerado como fundamental por los teóricos del capital: la competitividad.

Todos los poderes fácticos del sistema dominante coinciden en cargar las tintas sobre la imperiosa necesidad de aumentar la competitividad de las empresas para salir de la crisis (o estafa a escala mundial, llámalo como quieras) y poder mantener, así, el nivel de riqueza de los grandes empresarios. Según sus teorías (las cuales nos han llevado a donde estamos ahora) esto también nos beneficia al resto de la humanidad, puesto que abre una vía para la creación de empleo y el reparto de la riqueza (lamentablemente hay millones de personas que se lo creen).

La lógica capitalista indica que sólo el más fuerte puede prevalecer, por esto es tan importante el concepto al que nos referimos, ya que no es otra cosa que la capacidad de enfrentarse a otros por la consecución de un mismo objetivo, es decir, se trata de pasar por encima del resto de competidores y conseguir que todo el mundo elija tu producto independientemente de la necesidad que tengan de ello. Si bien la competitividad es algo a lo que normalmente nos referimos dentro del ámbito de la economía, es innegable que el concepto, desgraciadamente, ha traspasado fronteras y ya es importantísimo en cualquier ámbito de la vida actual.

 Los rectores del sistema dominante han extendido este concepto a través de multitud de canales tales como: la enseñanza obligatoria, la televisión, el deporte, los modelos juveniles que ensalzan, etc… hasta que ha quedado instalado en el código genético de la sociedad vigente.

Pretenden convencernos de que ser competitivos es algo maravilloso y nada peligroso. Nos enseñan que la competición hace que el resultado final sea mejor cuando lo único que se consigue es aprender el mayor número posible de tácticas para entorpecer la existencia de los llamados rivales.

cybermedios-competitividad-ideologia-2

Así, a modo de ejemplo, nos enseñan lo competitivas que son las grandes multinacionales que año tras año obtienen maravillosos beneficios gracias al afán competitivo de sus trabajadores. Sin embargo, olvidan los pequeños detalles sin importancia (según ellos, claro está): los salarios de miseria que cobran el 95% de los empleados, muchos de los cuales ni siquiera conocen lo que son los derechos del trabajador (por no hablar de los que directamente trabajan en régimen de semiesclavitud); el aniquilamiento del planeta, tanto de sus recursos como de las personas que lo habitan, en nombre de una competitividad que exige pasar por encima de cualquier ley; el nivel de pobreza que dejan estas multinacionales cuando deciden que ya no les sirve una de sus factorías porque han encontrado un sitio donde les es más rentable instalarse; y así hasta el infinito. De esta forma se las gasta la tan necesaria y alabada competitividad.

La competición se ha instaurado en nuestras vidas de forma antinatural.
Lo que antes era colaboración entre iguales para, por ejemplo, tener una buena cosecha que asegurara la manutención del pueblo, ahora es competencia y resquemor por que los otros puedan tener mejores resultados. Hemos pasado de la solidaridad entre vecinos a la desconfianza y el deseo de que ellos se lleven todo lo malo. En las escuelas ya no se oyen palabras como honradez o solidaridad, en su lugar atronan atroces conceptos como competencias y procedimientos. Los modelos sociales a seguir ya no son aquellos basados en el apoyo mutuo y la hermandad, en la actualidad son los basados en el egoísmo y la famosa competitividad: en ser mejor que los demás y, por tanto, en que los demás son el enemigo.

La competitividad destroza sociedades enteras al poner por encima de todo el valor supremo de la victoria sobre los otros, generando odios irracionales y malsanas existencias que sólo conducen a la alineación de los seres humanos y la destrucción de todo lo que nos rodea.
No quiero un mundo competitivo, no lo necesitamos. Hay mundo para todos si sabemos entender que formamos parte de un todo y que todos debemos ir en la dirección que nos permita ser libres sin necesidad para ello de competir entre nosotros.
FUENTE:
Quebrantando el silencio (link)
Anuncios