Evil Rays: Torres telefónicas y celulares como armas de destrucción masiva y muerte blanda

Esta presentación esbozará cómo una siniestra agenda globalista está utilizando la increíblemente poderosa industria de las telecomunicaciones como otra arma de destrucción masiva para el control de la mente, la eugenesia de muerte blanda y, cuando se considera más ventajoso, un método genocida de muerte rápida y conveniente para la matanza del rebaño humana.

HAARP

“La contaminación electromagnética podría ser la forma más significativa de contaminación que la actividad humana haya producido en este siglo, tanto más peligrosa por su invisibilidad como por su insensibilidad”. Doctor Andrew Weil, autor de bestsellers

Vivimos en la era de la información donde nos bombardean a diario con informaciones que tenemos que procesar e interpretar para dilucidar si son ciertas o no. Debido a que el gobierno y los medios de comunicación manejan una agenda de falsas narraciones y propaganda de desinformación para mantener a la gente intencionalmente en la inopia, el público estadounidense está hambriento por conocer la verdad, y son incontables los que la han buscado en los medios de comunicación alternativos de la red informática mundial. Con el fin de evitar que las personas se den cuenta de las implicaciones de la tiránica agenda de control de la élite al poder, cientos de chismes gubernamentales y troles de Internet se han ido desplegando para saturar la red con el propósito expreso de enturbiar las aguas, creando una niebla de desinformación para empañar, enterrar y ocultarles informaciones y conocimientos vitales a las masas globales, evitando así que estas capten su alcance real. Además, el acceso directo a la gobernanza global, (acuerdos TPP y TTIP), se centran en el recorte del flujo de información por internet susceptible de salvar vidas y aumentar la conciencia global, y que pudiera acabar en una resistencia unificada mundial y la oposición a la tiranía del Nuevo Orden Mundial.

Hace casi medio siglo que la CIA inventó etiquetas como “la teoría de la conspiración“, y sus mutaciones recientes como el “sombrero de hojalata” junto con ciertos fanáticos elementos marginales han condicionado al público para que descarte y niegue categóricamente la verdad negativa que pudiera exponer la traición de los perpetradores del gobierno a los ciudadanos estadounidenses, así como las transgresiones globales del Imperio particularmente desde el 11-S. Actualmente, un teórico de la conspiración hace referencia al que cuestiona las declaraciones de los mentirosos. Hablando de mentirosos conocidos, la amonestación de George W. de hacer caso omiso de las teorías conspiratorias ocurrió justo después del principio del 11-S para aplastar la verdad, lo que lo convierte en un criminal y asesino de guerra en contra de su propia gente. Se aplicó el mismo encubrimiento al asesinato de JFK en el que su padre contribuyó en cierta medida, y el padre de su padre cuando financió a Hitler. Desgraciadamente, no es ninguna novedad que el gobierno de los EE.UU. asesine a aquellos presidentes que ponen en peligro el statu quode la corrupción, y que extermine a personas del país para favorecer el control opresivo autoritario. El democidio hace referencia al asesinato de ciudadanos por parte de su propio gobierno. Durante el último siglo murieron seis veces más víctimas por democidio que durante todas las guerras del siglo, incluyendo las dos guerras más sangrientas de la humanidad que se hayan registrado. La historia se repite mientras el gobierno federal está librando una guerra no tan secreta contra el pueblo estadounidense.

Lo más destacado de entre su formidable arsenal letal figura la guerra de los federales por controlar nuestra mente mediante propaganda, después de haber sido diseñada y perfeccionada por más de un siglo. Cuando se habla del moldeamiento de la opinión pública y de la percepción de la realidad mediante cualquier medio que garantice el éxito, entran en juego armas beligerantes de destrucción masiva que se manifiestan las 24 horas del día, los 7 días de la semana, a través de insidiosas aplicaciones de ingeniería social, técnicas de control mental de la CIA aplicadas por la propaganda de los medios de comunicación, el consumismo masivo controlado por las empresas y seis megaempresas propiedad de los oligarcas y operadas por ellos, que controlan el flujo de noticias e información. Esta espiga central globalizada vomita valores burdos y materialistas, mensajes distorsionados, dogmas y verdades erróneas a voluntad destinados al consumo humano a nivel global como herramientas a penas secretas para manipular y controlar a la población humana. La tecnología del siglo XXI ha reducido nuestro planeta a una aldea global de consumidores masivos para ser manipulados y controlados con flexibilidad. Esta presentación esbozará cómo una siniestra agenda globalista está utilizando la increíblemente poderosa industria de las telecomunicaciones como otra arma de destrucción masiva para el control de la mente, la eugenesia de muerte blanda y, cuando se considera más ventajoso, un método genocida de muerte rápida y conveniente para la matanza de la manada humana.

Durante el último cuarto de siglo, los celulares/móviles han estado sustituyendo al sistema de teléfono fijo convencional. El 91% de los estadounidenses en edad adolescente y adulta utilizan en primera instancia sus móviles para comunicarse verbalmente, además del uso regular de mensajes de textos y otras opciones interactivas en línea. Mucho se ha escrito sobre el efecto paradójico que los móviles y tabletas suponen en cuanto a transmisores multimodales que nos ofrecen la oportunidad instantánea de expandir nuestras interacciones con nuestros allegados gracias al acceso al cibermundo, mientras que al mismo tiempo nos alejan del tiempo real donde conversar cara a cara, mirándonos a los ojos, y de nuestra conexión con un mundo humano real. Hoy por hoy, basta echar un vistazo sobre cualquier local público como aeropuertos, librerías, consultas médicas, y observaremos como la vasta mayoría absorta en sus intercambios mientras pulsan las teclas de sus dispositivos es una imagen mucho más frecuente que la de gente conversando físicamente directamente entre sí, aunque sea con sus amigos y familias acompañantes. Al igual que las ratas de laboratorios ocupadas en pulsar compulsivamente las palancas, la gente suele comprobar sus móviles más de un centenar de veces al día. Los artilugios en forma de juguetes de alta tecnología se han convertido en los dispositivos más singulares y adictivos conocidos por el hombre moderno. Los Iphones y los dispositivos wifi controlan cómo pasamos, con cada vez más asiduidad, nuestro tiempo en horas de vigilia, más que cualquier otro invento moderno desde la era radiofónica y televisiva.

Durante las últimas décadas, fuimos advertidos a través de incontables estudios científicos del severo daño infligido a nuestros cerebros y cuerpos a consecuencia de nuestros hábitos excesivos con los celulares. Literalmente hablando, la radiación fríe nuestras neuronas, altera nuestro ADN al quebrantar filamentos fracturados, además de ocasionar un aumento de cáncer cerebrales, de tumores y demás enfermedades mortalesUn estudio reciente del British Medical Journal encabezado por el doctor Enrique Navarro concluye que el hecho de vivir cerca de las torres de telefonía inhibe el funcionamiento cerebral, reduce la memoria, interrumpe el ciclo del sueño y ocasiona irritabilidad generalizada. Así mismo, una revista analítica de todas las investigaciones realizadas hace unos seis años determinó que el 80% de los estudios encontraron una correlación directa entre la proximidad de dichas torres y los síntomas adversos, tumores y cánceres.

La Comisión de Comunicaciones Federales (CCF), la agencia gubernamental reguladora de la industria, ha mantenido a propósito una peligrosa alta tolerancia en su Índice de Absorción Específica (IAE) – 1.6 watio por kiloun nivel de radiación estándar que está matando a la poblaciónliteralmente. Bajo el soborno de los mayores gigantes de las telecomunicaciones, la CCF se negó a efectuar cualquier reajuste y rebajar el peligroso umbral que salvaría vidas, a pesar de la preponderancia de las investigaciones que así lo demuestran. En su lugar, durante una reunión pública el mes pasado en la sede de la CFF, la agencia federal que supuestamente vela por la seguridad pública, mostró sus colores de Gestapo fascista al acallar todas las voces disidentes. Del mismo modo, Washington decidió proteger la industria multibillonaria al negarse a financiar desde un principio las investigaciones susceptibles de revelar la verdad e impedir el crecimiento de las telecomunicaciones. La CCF apoya la industria en cuanto a la contratación de sus propios pseudocientíficos, esquivando así sus propios datos poco concluyentes, pero favoreciendo así su falsa afirmación de que los móviles no representan ningún peligro para la salud humana.

Justo como la FDA (Administración para la Alimentación y Medicamentos) está comprada y pagada por la ramera Big Pharma y consentidora intencionada de que las drogas perjudiciales inunden el mercado sin pasar por las pruebas de laboratorio pertinentes, mientras la EPA (Agencia de Protección Ambiental) mira hacia otro lado cuando ciertos cuerpos gigantes como el de Monsanto se dedican a esparcir contaminantes letales en el aire, el suelo y en el suministro de agua, bien podría la corrupción que permea todos los niveles federales y estatales no preocuparse tanto de la salud y seguridad pública y dejar de prestar su ciego apoyo a asesinos transnacionales que garanticen el beneficio máximo a costa de vidas humanas. Estas tácticas generalizadas son consistentes con la forma que tiene el gobierno estadounidense de operar en calidad de oligarquía corrupta que se ocupa de los intereses particulares de Fortune 500, lo cual no incluye al pueblo estadounidense que está enfermando, sufriendo y muriendo por culpa de la indiferencia del gobierno hacia sus ciudadanos. Los crudos hechos demuestran sin duda alguna que Washington es un intrigante criminal fascista en guerra contra su propio pueblo y que ahora nos está eliminando mediante una muerte lenta y métodos de asesinato dulce que sólo rellenan las arcas de las industrias de telecom, Monsanto, Big Pharma y de la Salud.

Fieles a su manera de proceder, la FDA, la EPA, la Organización Mundial de la Salud (WHO) y la Sociedad Americana para el Cáncer, todos declararon públicamente que ni la radiofrecuencia (RF) resultante de la radiación emitida por los celulares, ni las torres telefónicas afectan a nuestra salud de manera precisa. Dicho esto, en 2011 hasta la Agencia Internacional de la WHO para la investigación sobre el Cáncer (IARC) concedió clasificar la radiofrecuencia de los campos electromagnéticos como “posible carcinógeno para el ser humano”. Más adelante ,en octubre, otro estudio reciente coordinado por la IARC encontró después de examinar a más de 300.000 trabajadores del sector nuclear de los EE.UU. y Francia que bastaba una exposición de bajo nivel de radiación a lo largo del tiempo para que se incrementara el riesgo de cáncer.

Sin embargo, el sitio web del mismo Instituto del Cáncer declara que la radiación no ionizada de las torres de telefonía y los celulares/móviles “no tiene incidencia directa sobre las células internas del ADN”. Esto es una mentira descarada. Hace dos décadas, los pioneros científicos Dr. Narendra Pal Singh y Dr. Henry Lai demostraron empíricamente que tanto el ADN sencillo como el de dos hélices sufrían daños a partir de una radiación de tan sólo 2.45 GHz, cuyo valor representa la quinta parte del nivel reconocido anteriormente como responsable de efectos biológicos tóxicos y que se sitúan muy por debajo de los supuestos niveles “de seguridad” que emiten los celulares, de acuerdo a la FCC (Comisión Federal de Comunicaciones). Las valiosas investigaciones de Lai y Singh respaldan la aceptación general (hablando de observadores honrados) en su conclusión más que lógica de que los daños acumulativos infligidos al ADN se deben al uso prolongado de móviles. Hace dos años, una revisión de 80 estudios descubrió que el 92% mostraba que la radiación no ionizada de los teléfonos móviles dañaba el ADN. Sin embargo, el Instituto del Cáncer decide seguir viviendo en la mentira.

Megras y Xenos encontraron que cinco generaciones de ratones expuestas a valores extremadamente bajos de radiofrecuencias de entre .168 y 1.053 microvatios por centímetro cuadrado provocan esterilidad irreversible. Dicha exposición de valores relativamente bajos es la que soportaría nuestra vivienda si estuviera situada en las cercanías de una torre telefónica. De ahí que los seres humanos que pasan su tiempo en el colegio o en sus trabajos tan cerca de las torres padecen radiaciones peligrosas, a pesar del estándar de seguridad de la FCC fijado en 579 microvatios por centímetro cuadrado, 500 veces más que lo que causa esterilidad en los ratones. En un estudio emparentado, los varones que llevan sus celulares en sus cinturones o en los bolsillos de sus pantalones, el recuento de sus espermas es 30% inferior comparado con los que no lo llevan. Los organizadores de la sobrepoblación globalista están bien servidos.

El que estas pruebas incontestables no salieran a la luz, al igual que lo perpetrado por la industria tabacalera durante décadas, sólo supuso un arreglo temporal estratégico con la idea de ganar más tiempo para la venta de productos sin cables y la construcción de miles de torres. Pero hace apenas dos meses y por primera vez en la historia, un estudio federal estadounidense a cargo del Instituto Nacional de la Salud confirmó lo que el cuerpo predominante de investigadores sinceros habían ido señalando desde hace tiempo: la radiación emitida por los celulares en casos de utilización crónica aumenta las incidencias de cáncer en los ratones. El anterior director del Programa Nacional de Toxicología (NTP) que realizó el estudio de investigación aclara que el resultado entre la exposición a la radiación y las formas cerebrales extrañas además de los cánceres del corazón muestran que son directamente proporcionales. Esta investigación del NTP es la más exhaustiva y más duradera (2 años) que se haya llevado a cabo en la que se midieron diferentes niveles de radiofrecuencias en los ratones. Pero este estudio sólo tiene validez con la radiación simulada de la radiación emitida por el uso excesivo de los celulares, no de la exposición a las ondas de radiofrecuencia liberadas peligrosamente por las torres de telefonía a corta distancia, ni de los dispositivos sin cables de uso común en hogares y lugares de trabajo.

La radiación de móviles y torres de telefonía también debilitan los sistemas inmunes y alteran los niveles hormonales, lo cual añade aún más complicaciones en detrimento de la salud. A principios de este año hubieron otros nuevos estudios que indican por primera vez que los daños físicos acompañados de cambios fisiológicos corporales que padecen ciertas personas causados por las señales de torres telefónicas ocurren incluso en niveles considerados como bajos o normales. Este descubrimiento convalida la existencia real de una creciente población mundial, alrededor de un 5%, que pudiera mostrarse particularmente sensitiva a la radiación sin cable. Su condición médica conocida como la hipersensibilidad al electromagnetismo (EHS) suele provocar dolores físicos, dolores de cabeza, hemorragias nasales, fatiga, insomnio y ansiedad. Hasta entonces, muchos médicos desinformados o sesgados rechazaban automáticamente la posibilidad de una hipersensibilidad al electromagnetismo creyendo que se trataba de hipocondría. Por lo general, los pleitos judiciales iban en contra de los que pretendían padecer dicha hipersensibilidad, apoyándose en las conclusiones de la literatura médica que la considera una simple enfermedad psicosomática cuya causa no es atribuible al electromagnetismo. Sin embargo, el pasado agosto el veredicto de una corte francesa favoreció la querella de una víctima. A la EHS parece que le espera el mismo camino que el que tomó el Síndrome Múltiple de la Sensitividad Química y el Síndrome de la Fibromialgia donde la aceptación de la comunidad médica se realizó de forma gradual.

Para poder ofrecer el servicio a millones de clientes a nivel global, las compañías de celulares construyeron torres de telefonía y torres de antenas a lo largo de regiones enteras superpuestas ya que el radio de 360 grados para cada torre no se extiende a más de 40 km. Este es el motivo del surgimiento de millones de torres alrededor del globo, especialmente en áreas densamente pobladas donde los celulares se usan a menudo. El sitio web de la industria comercial WirelessEstimator.com detalla un total actualizado de 121 compañías de telecomunicaciones con 118.173 torresen los Estados Unidos. Sin embargo, el mismo sitio sostiene que el número de torres en el año 2009 incluye transmisores por antenas de techos y que el número de torres telefónicas suman 247.081, con lo que admiten la inexistencia de datos fiables. Es más, otro sitio como el de antennaesearch.com muestra una actualización de dicha lista del orden de 612.477, más 2.456.899 antenas de techos sin cable. Así que el margen es enormemente amplio como para hacer una estimación, y en todo caso desconocido, pero su aumento a diario a nivel mundial es rápido.

Entretanto, un sitio de noticias sin cable del año pasado declaró que debido a la demanda exponencial de informaciones por parte de los consumidores, Cisco estima que en 2019 el tráfico de celulares en EE.UU. sería siete veces mayor comparado con el año 2015. Esto pronostica una concentración mucho más densa de torres aún más perjudiciales que se erigirán cada vez a una mayor proximidad de las desbordantes poblaciones urbanas estadounidenses, comprometiendo y exponiendo al peligro a la juventud en los colegios, los adultos en los edificios repletos de oficinas, y las familias en los complejos de apartamentos de varios pisos.

En vista de las miles de torres construidas cerca o incluso en los terrenos de las escuelas, el creciente conjunto de investigaciones sobre niños y mujeres embarazadas están arrojando resultados extremadamente alarmantes. También existen muchas escuelas públicas y universidades que reciben sobornos a cambio de dinero para incentivar sus permisos para el emplazamiento de las torres en sus edificios. Aunque ciertos padres locales y grupos de defensas comunitarios están empezando a contraatacar, son muchos los educadores oficiales que eligen dinero por encima de la salud y bienestar de sus propios jóvenes estudiantes. Mientras tanto se demostró que el cerebro de los niños absorben el doble de radiaciónemitidas por torres y móviles, el triple en el área del hipotálamo e hipocampo, mientras que la permeabilidad de sus barreras hematoencefálicas deja pasar la radiación por mínima que sea. Además, de forma increíble, las médulas óseas de los niños absorben diez veces más que los adultos la cantidad de ondas RF perjudiciales.

Los valores al alza de la polución electromagnética con su efectos devastadores sobre la salud humana es un naufragio pandémico que está explotando en los EE.UU. y el resto del mundo. Como consecuencia directa de su uso crónico e indiscriminado por 25 años, formas extrañas de cánceres cerebrales están aumentando vertiginosamente. Los depredadores de telecomunicaciones gigantes y los gobiernos sobornados están explotando el hecho de que se trata de un arma de destrucción masiva imposible de notar ya que el asesino es invisible, inodoro, insípido y silencioso.

Estas son noticias muy severas que resultan en el embrutecimiento de los ciudadanos que están enfermando a nivel nacional. Pero sólo es ahora cuando se está empezando a tomar consciencia del plan más que diabólico en curso: la eliminación de estadounidenses con radiaciones de torres telefónicas más mortales que las anteriores. La toma de consciencia más espantosa es que estos niveles más altos de radiación que emanan de torres de telefonía convertidas en armas no tienen absolutamente nada que ver con las transmisiones por celulares, sino que tiene por objeto el genocidio a gran escala. Esa es la prueba de que el gobierno estadounidense ha modificado su plan de asesinato eugénico inadvertido pasándose a otro nivel, el de exterminador de la población norteamericana.

Un antiguo científico de alto rango del DARPA, el laboratorio a cargo de investigar las operaciones encubiertas del Estado Profundo estadounidense y que convierte todas las tecnologías punteras en WMD (Armas de destrucción en masa) militares alertaron recientemente a los estadounidenses sobre el mal uso por parte del gobierno federal de las transmisiones de torres telefónicas letales como ‘acto de terrorismo’ en contra de la población estadounidense. Doctorado en Princeton en física computacional y con una estancia de casi tres años en el Laboratorio Nacional Los Alamos del DARPA, el Dr. Paul Batcho como fuente incuestionable, sabe de lo que está hablando. Cuando empezó a notar altas radiaciones emitidas por torres telefónicas en su casa de St. Petersburg y los alrededores de Florida central y Tampa, recurrió al protocolo estándar poniéndose en contacto con su antiguo empleado del DARPA, y el Departamento de Seguridad Nacional para informarles que pensaba que las torres de telefonía representaban una amenaza “terrorista”. Dado que sus repetidos intentos de alertar a las autoridades no provocaba ninguna respuesta, Batcho contactó con un escritor activista con largo recorrido a sus espaldas, Dave Hodges, del The Common Sense Show. El científico escribió:

Estas transmisiones causarán graves problemas para la salud que tomarán forma de enfermedades por radiaciones más elevadas de microondas. Es urgente que estas bandas de frecuencias sean medidas y controladas por una fuente oficial. Estas bandas de frecuencias no existen de forma natural, y nos encontramos con una tecnología aplicada en contra de los individuos. La medición verificada y la existencia de estas bandas de transmisiones RF constituyen un acto terrorista.

Oficialmente, la FCC limita las torres telefónicas a 400 vatios en su salida energética durante la transferencia de informaciones por celulares. Se está divulgando que mammoth midió los cables que suelen llevar a una torre de telefonía ordinaria, y que su capacidad potencial es mucho mayor, especialmente en el caso de acoplamiento de amplificadores. Esto convierte al enorme nivel de radiaciones de microondas que cada torre puede proyectar en un arma potencial de megamuerte. Esta es la alarma contra la que Paul Batcho se indigna. La máquina del rayo de la muerte que cada torre representa puede generar el jugo suficiente como para asar literalmente a cada ser humano dentro de sus límites urbanos. Así que si aquellos agentes del poder elitista al mando que instalan de modo estratégico estas armas de destrucción masiva pululando a lo largo de EE.UU. tuvieran el deseo de matar a los estadounidenses, quizás con el pretexto de una invasión enemiga extranjera en suelo estadounidense, dichos transmisores de torres posiblemente conseguirían la eliminación de toda la población con varios millones de torres funcionando a pleno vatios.

Y dado que la presencia de las torres de telefonía es global, este plan eugénico global para la despoblación humana sobre la tierra en un 90% puede lograrse fácilmente, basta liberar de golpe la radiación letal de millones de torres telefónicas convertidas en armas. Esta peculiar partida final de armas de destrucción en masa le ofrece a la élite al poder la conveniencia de limitarse a buscar un refugio subterráneo por un par de días, en vez de tener que esperar durante años bajo tierra que la radioactividad esparcida por las detonaciones de bombas nucleares envuelva la Tierra. Con la robótica de IA que avanza a toda prisa, el riesgo de que las máquinas decidan quitar de en medio a sus “maestros” humanos inferiores pulsando una simple tecla para la puesta en marcha se vislumbra como otro plausible escenario más del juicio final.

Amparándose en un proyecto de una supuesta guerra fría de 11 millones de dólares a cargo del departamento secreto de Defensa, las torres de la Red de Emergencia de Ondas Terrestres (GWEN) eran auténticas armas energéticas dirigidas que se construyeron a partir de una altura de 299 hasta 500 pies y geográficamente distanciadas las unas de las otras por 200 millas a lo largo del país durante la era de Reagan y GHW Bush entre 1982 y 1994. Estas torres misteriosas operan mediante la energía de enormes ráfagas de ondas radio electromagnéticas del orden de 150-175 KHz (VLF), Frecuencia Muy Baja, y 225-400 MHz (UHF), Frecuencia Ultra Alta. Las señales viajan a través del terreno con un amplio radio de 300 pies cada una de ellas. Se estima que el número de torres GWEN construidas arrojarían una cifra de entre 58 y 300 unidades. En la base subterránea de cada torre están enterrados 300 pies de alambre de cobre, el cual, igual que una rueda de radios, ventila su área de 360 grados ayudándose de la tierra como conductora geomagnética. Los EE.UU. en su totalidad están cubiertos por este campo magnético que se eleva hasta 500 pies por encima del nivel del suelo.

La onda electromagnética artificial terrestre estaría utilizando la tecnología Tesla para modificar el tiempo y para el control secreto de la mente humana, el ánimo y el comportamiento. Las torres GWEN generan una energía que opera dentro de la misma frecuencia de 400 MHz que el cerebro humano. Nuestros cerebros son vulnerables a la tecnología ELF ya que resuenan con las señales externas igual que un diapasón. En efecto, nuestras ondas cerebrales imitan las frecuencias magnéticas predominantes. Consecuentemente, en ausencia de consentimiento legal o ético, estas torres son capaces de modificar y controlar en secreto nuestro ánimo, los pensamientos y comportamientos de millones de ciudadanos estadounidenses, otro despliegue más de armas del NWO (nuevo orden mundial) en la guerra “psicotrónica” de los federales en contra de la población estadounidense. Una nación entera podría verse subyugada mediante radiaciones de microondas a largo plazo mediante ondas centimétricas moduladas ELF.

Las torres GWEN también operan en conjunción con varias estaciones HAARP que el gobierno también utiliza para el control del tiempo y de la mente humana. La aplicación demoníaca y subversiva de HAARP y de estas torres convertidas en armas están también vinculadas con operaciones de ingeniería climática donde metales tóxicos se rocían desde el aire a lo largo de los EE.UU. y Europa. Se cree que metales como el aluminio, el bario y el estroncio actúan como conductores, aún después de haber sido inhalados en los pulmones y la corriente sanguínea. También se cree que vuelven a la gente letárgica y confusa, incapaz de discernir la realidad de la ilusión. Por si fuera poco, DARPA, la comunidad de inteligencia militar estadounidense también recurre a las torres HAARP y GWEN para acosar, torturar y controlar los chips RFID (identificación por radiofrecuencia) implantados en individuos secretamente elegidos con el fin de llevar a cabo neuroexperimentos secretos. Normalmente las víctimas de esa forma de acoso suelen confundirse con locos. La última tecnología del Estado Profundo es capaz de acosar a los individuos sin chip RFID.

Comentario: Nos inclinamos a pensar que HAARP sirve ante todo a propósitos de control de la mente:

La siniestra naturaleza oscura con la que se saca provecho de la tecnología de la manera más inhumana y atroz, para luego utilizarla con el fin de perjudicar y destruir a la gente a una escala tan masiva juega un papel íntegro en el control de las masas globales mientras el planeta se está despoblando, empezando por todas estas “bocas hambrientas e inútiles” consideradas como enemigas del Estado, es decir cualquiera de nosotros que se oponga activamente al genocidio humano. Depende de nosotros como ciudadanos de este mundo el que reconozcamos y confrontemos la perversidad a la que nos están sometiendo. Con la información y el conocimiento viene el poder de hacer que la élite psicópata rinda cuentas.

Joachim Hagopianis, graduado en West Point y ex oficial de la armada estadounidense. Escribió un manuscrito basado en su experiencia militar única titulado “No permitan que los bastardos les aplasten“. Su examen se centra en las relaciones internacionales de los EE.UU., del liderazgo y de asuntos de la seguridad nacional. Después de su carrera militar, Joachim consiguió el máster de psicología clínica y trabajó por más de un cuarto de siglo como terapeuta licenciado en el campo de la salud mental con niños y adolescentes abusados. Durante los últimos años se centró en sus escritos, y se convirtió en periodista de los medios alternativos. Encontrará su blog en: http;//empireexposed.blogspot.co.id/.

Comentario: Para más información: (en inglés)

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