Contradicciones 2.0: Los indignados en México

Hoy deseo postear un artículo del excelente sitio de análisis geopolíitco  llamado ANTIMPERIALISTA, dado que hace algunos días en la Ciudad de México se llevó a cabo una manifestación de “indignados” que atendió una iniciativa de protesta a nivel mundial ante la globalización.

Todo esto, en gran medida articulado a través del uso de redes sociales pertenecientes a empresas privadas norteamericanas. Una paradoja, una contradicción 2.0  que parece tener como mensaje implicito:

No a las empresas monopólicas, con excepción de Facebook y Twitter, pues sin ellas no tengo identidad social ni política.

ARTICULO DE ANTIMPERIALISTA: Lema del poder: “Os necesito indignados, de otra manera se acabaría mi juego. ¡Indignaos pues!”

El poder sabe que, para sobrevivir, necesita que le odies; necesita de una oposición que le retroalimente, no sólo con la finalidad de servirle como excusa para ejercer su poder, sino para que, usándote como vehículo, pueda, con otro disfraz, asentarse de nuevo en el trono con aún más fuerza que antes,

Si el poder no hiciera lo posible por cabrearte, por indignarte, por enfadarte, tú no entrarías en su juego y se le acabaría el “negocio”. Si el poder no idease y promocionase dramas que alimenten tu deseo de venganza (crisis, guerras, catástrofes), tú, sencillamente, te marcharías. Si el poder no nos hubiera hecho sentir como necesaria la superación de sí mismo, para alcanzar la “felicidad”, hace tiempo que ya no estaríamos aquí.

Pero el poder necesita tenerte cerca, pues de no tenerte cerca no podría continuar con su juego.

Y para tenerte cerca, el poder, primero de todo, necesita que le odies irracionalmente, para que te enfrentes a él; para que tengas como único fin superarle, de tal forma que nunca te separes de su lado; para que nunca pienses ni siquiera en alejarte de él. Para ello te pincha, te muerde, te araña, incluso él mismo te hace creer que puedes llegar a superarle, que puedes llegar a tomar tú el poder, y que con tal superación todo mejorará.

El poder nos hace creer que es un obstáculo para nuestras vidas; que se interpone en el desarrollo de ellas; que sólo enfrentándonos a él y superándole, conseguiremos nuestra plenitud vital. Pero con ello sólo conseguimos una cosa: retroalimentar el juego del poder.

Es como pretender acabar con el fútbol jugando al fútbol contra el mejor rival. Aunque le ganáramos sólo habríamos conseguido una cosa: perfeccionar el juego del fútbol, no acabar con él. Desde ese momento, nos tocaría a nosotros defender nuestro “reinado” frente a los demás, dando así continuidad al juego.

El poder sabe que, para sobrevivir, necesita que le odies; necesita de una oposición que le retroalimente, no sólo con la finalidad de servirle como excusa para ejercer su poder, sino para que, usándote como vehículo, pueda, con otro disfraz, asentarse de nuevo en el trono con aún más fuerza que antes, lo cual, a su vez, provocará el nacimiento de una nueva oposición, cuya finalidad será la de volver a dar cuerda al juego. Y así, una y otra vez, haciéndolo cada vez más “perfecto”, como diría el viejo Herbert Spencer (1) (aunque, personalmente, pienso que el calificativo de “psicopático” es el más adecuado en este caso).

El objetivo esencial buscado en el juego del poder no es la victoria, sino tu eterna fidelidad al juego mismo; que no le abandones; que no busques otra salida, pues sin ti, su juego se acaba. Sin tu participación sería imposible dar continuidad a lo que no es otra cosa que un perverso círculo vicioso.

Por todo esto, tu indignación y tu lucha contra el poder es tan sólo una garantía de supervivencia para él, pues expresa tu voluntad de no plantearte una vida sin él; de no separarte jamás de él.

Para él, todo esto está muy claro, quizás algún día lo queramos tener claro nosotros.

Notas:
(1) Herbert Spencer fue el padre del darwinismo social, teoría pseudocientífica creada, exclusivamente, con la finalidad de justificar y enmascarar el carácter psicopático del juego del poder.

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