Narcoméxico Cyberpunk: Narcocristo Superestrella

En el intersticio de la muerte sonora, en el ejercicio del rifle, en la mansedumbre de las masas, en el reflejo filoso de su agudo silencio, en su antibiótica morada de balas y ensoñaciones de metal, con su palabra clon y su sombra de piedra en el desierto, entre muertas y muertas, electrocutado por el olor de la sangre, rodeado siempre por moscas electrónicas, por insectos mecánicos, eléctricos-eclécticos: Narcocristo Superestrella mira el mundo.

Su nanopalabra canceriza
Su luminiscencia seduce

Apuntando al cráneo desviste la desnudez, la realidad queda desnuda, ocre, pálida. A veces, como Dios de la naturaleza virtual, desciende de la montaña, de la selva, para internarse en la ciudad mecatrónica, en el cortocircuito de los clones de sí mismo. Y desde ahí preña con su espermática luz neón, droga neón, el espejo.

Narcocristo Superestrella canta al amanecer acompañado de ninfas  supersónicas, su voz dilatada por el reloj (el reloj es el corazón de la sociedad superindustrial) despelleja el último cuerpo de la esperanza.

A lo lejos el último hombre esconde con melancolía, el último botón para hacer reset al cansancio de ser uno mismo. Su mano tiembla. Escucha el canto de Narcocristo y no sabe ser más él, no sabe para qué sirve la información, intuye que decir la verdad puede matarlo. Guarda silencio y el silencio lo guarda, pero no lo aguarda el silencio, nunca hay silencio:  se droga con la última palabra-pastilla.

Mientras Narcocristo escanea con su guitarra todas las almas.

Alverto Yo Múltiple

Doctor Jorge Alberto Lizama Mendoza, 2 de noviembre de 2015

(Fecha original de publicación: 21 de septiembre de 2010)