Animismo tecnológico y cine: Los demonios de la carretera

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Desde que recuerdo, siempre quise ser un demonio de la carretera: tener un trailer o camión de carga todo sucio y oxidado, pero con un motor de primera y así poder perseguir y asustar a todos aquellos que se atrevan a pasear por carreteras desérticas.

Creo que este sueño de niño ya nunca lo cumpliré, porque uno va cambiando su forma de pensar, porque el país mismo y sus carreteras se han vuelto las más peligrosas de América Latina, por muchas cosas.

Empero, la idea de demonio de la carretera sigue viva al menos en el escenario del cine, donde me he dado a la tarea de coleccionar aquellas películas que han retomado el tema y lo han hecho apelando al animismo tecnológico: la máquina obtiene vida propia y se las cobra a los humanos.

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1971 DUEL (El demonio sobre ruedas, Steven Spilberg)

“El demonio sobre ruedas” es la primera película de Steven Spelberg e inaugura la figura de demonio de la carretera. El acierto de la cinta es que el director en ningún momento revela la identidad del conductor  del trailer, lo cual sugiere que el  trailer mismo es el monstruo en sí; algo que de manera muy velada deja abierto el símbolo a la idea del  animismo tecnológico.

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1977 THE CAR (El auto asesino, Elliot Silverstein)

Pocos años después surge una joya poco valorada: “EL auto asesino”, una especie de limusiona de lujo poseída por el diablo que pone las cosas dificiles a los conductores de un pequeño pueblo de Nuevo México. Por supuesto, esta cinta es mucho muy superior a la malograda Christine de John Carpenter (1983). Conviene resaltar que aquí sí estamos ante una auténtica cinta de animismo tecnológico pues el carro se conduce sólo, ve todo en color rojo y (en una especie de poder psicotrónico)  es capaz de leer y adelantarse a las intenciones de aquello que quieren detenerlo.

Si en su momento Star Wars (George Lucas, 1977) fue aplaudida por fusionar la ecuación tecnología/religión, El auto asesino debería de ser reconocida por fusionar, EN EL MISMO AÑO, la ecuación tecnología/satanismo.

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1986 MAXIMUM OVERDRIVE (La rebelión de las máquinas, Stephen King)

Sin embargo, la gloria en el rubro del animismo tecnológico se la lleva por mucho “La rebelión de las máquinas” . La primera vez que la vi me pareció una completa tontería para pasar el rato con un guión muy flojo; empero, pensándola desde categorías tecnológicas es claro que aquí se está ante un  animismo tecnológico real y no producto del diablo o de un conductor que no se nos revela en cuanto a identidad…

Lo mejor de la cinta es que de manera gloriosa se atreve incluso a problematizar el binomio tecnología/ ser humano y sus formas de comunicación:

Memorable es la escena cuando el Trailer-Duende Verde (uno de los líderes de la rebelión) se comunica en clave morse a través de una metralleta con los supervivientes atrapados en una gasolinera para pedirles que llenen su tanque de combustible: La máquina atacando al ser humano y y al mismo tiempo necesitando de él. Por su parte, un ser humano que explota hasta el cansancio a las máquinas y luego se sorprende, no entiende el por qué estás se violentan.

Justo esta dialéctica es la que pasa en la vida real con la tecnología digital: uno se enoja con la computadora, hay un distanciamiento mutuo, pero luego termina uno reconciliándose con ella para compartir juntos el café de la tarde.

Lo mismo pasa en La rebelión de las máquinas: de repente todo vuelve extraña y felizmente a la normalidad y nadie se pregunta nada, nadie guarda rencor contra el otro y hay un nuevo y eterno comienzo.

Por supuesto, La rebelión de las máquinas está completamente olvidada y descatalogada hoy en día; un final triste para una cinta que debería formar parte integral de la cibercultura y su memoria audivisual.

Finalmente, cabe destacar que hay muchas más cintas sobre animismo tecnológico, con demonios de la carretera, elevadores asesinos, ruedas psicotrónicas, etc. que paulatinamente ire comentando en este blog.

Doctor Jorge Alberto Lizama Mendoza, 4 de enero de 2017

(Fecha original de publicación de este post: 8 de enero de 2013)

 

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