Chipalienados y Despotismo Tecnificado

La ética nietzchiana-posmoderna = esencia del despotismo tecnificado (Mi opinión)

La palabra ética deriva del griego ethike, el cual proviene de ethos que significa entorno doméstico y que después pasó a denotar lo propio de la conducta humana, como configuradora del entorno, como forma de vida.[1]

En este sentido, el ser humano, en virtud de que tiene que convivir con otros seres humanos, como entorno, debe aprender a vivir en convivencia, debe de ajustarse al conjunto de valores, principios y reglas que estructuran la vida en sociedad a fin de actuar correctamente. Conforme a lo anterior, podría caracterizarse a la ética como la rama de la filosofía que se ocupa de los juicios de valor que distinguen entre lo correcto y lo incorrecto, entre el bien y el mal.

 

Este concepto diferencia a la ética de la moral, que corresponde a ‘… el conjunto de prescripciones admitidas en una época dentro y de una sociedad determinada, el esfuerzo por adaptarse a esas prescripciones, la exhortación a seguirlas’.”[2]

 

A lo largo de la historia han existido muchos y diversos planteamientos acerca de la naturaleza y la tarea de la ética, sin embargo los más representativos para los fines de esta investigación son:

1) La ética aristotélica. De tendencia teleológica,[3] sugiere que el fin último es la felicidad del hombre, la cual se logra cuando éste alcanza la plenitud de su Ser por medio de la práctica de las virtudes, las cuales son hábitos para comportarse de forma racional.

 

Aristóteles distinguió dos tipos de actividades racionales: la teórica y la práctica, a cada una de las cuales le corresponde una serie de virtudes. Las virtudes teóricas como la inteligencia, la ciencia y la sabiduría, son las que se dirigen a la regulación del pensamiento con el fin de alcanzar la contemplación y la intelección de lo perfecto, eterno y divino; por su parte, las virtudes prácticas como la prudencia, la perspicacia, la discreción, el buen consejo y el arte, son las que se enfocan a la regulación de la acción del hombre con la finalidad de vivir en este mundo contingente y humano en armonía.[4]

 

Otra idea importante de la ética aristotélica es la del justo medio; en la vida cotidiana los actos de los hombres fácilmente pueden caer en extremos: el del exceso o el de la carencia. La acción correcta es aquella que equidista de los extremos y que evita tanto el exceso como la carencia, es el justo medio, el cual nos es riguroso y exacto, sino proporcional dependiendo de las condiciones particulares que se presenten; es decir, lo que para alguien puede ser su justo medio, para otra persona puede no serlo. En suma, la ética aristotélica es una ética de virtudes, las cuales se aplican siempre buscando el justo medio de las circunstancias.

2) La ética kantiana.

Que plantea la necesidad de consolidar una ética deontológica[5] de carácter universal y racional; una ética del deber, que emana de la ley que ordena lo que debe de ser, independientemente de lo que ha sido o será. Bajo esta lógica los mandatos de la ley son imperativos categóricos, es decir, incontrovertibles. Algunos imperativos de la ética kantiana son: “Obra de manera tal que tu actuar pueda tornarse en una máxima universal”, “Obra de manera tal que la humanidad, tanto en tu persona como en la persona de cualquier otro, siempre sea un fin y nunca un medio”, “Obra como si fueras legislador al mismo tiempo que súbdito.”

3) La ética nietzschiana-posmoderna.

Para este planteamiento lo que se llama verdad depende en gran medida de la perspectiva escogida, no hay realidad en sí, ni verdad absoluta, ni objetividad, todo es cuestión de perspectiva, la cual es siempre una valoración subjetiva. Bajo esta premisa quedan anulados los valores tradicionales de la ética (justicia, veracidad, prudencia, etc.) y aparece entonces un nihilismo activo, en el cual se encumbra la voluntad de poder y se entiende el triunfo como la máxima exigencia.[6]

En la segunda mitad del siglo XX, luego de las guerras mundiales, de la guerra fría y de crisis de los metarrelatos (de las grandes historias que dan un sentido a la existencia humana, como la religión o la ciencia), los denominados filósofos posmodernos (Lyotard, Foucault, Baudrillard, Lipovetsky, Derrida, Virilio, etc.) recuperan la herencia nietzscheana y pregonan el fin de los principios y valores de la modernidad. En lo referente a la ciencia, el ideal de búsqueda de conocimiento y progreso humano se sustituye por consideraciones meramente utilitarias e instrumentales; en lo que respecta a la ética, los preceptos y valores comunitarios son sustituidos por un individualismo en el cual no hay sensibilidad para el deber ni para la solidaridad, se tiende al egoísmo y al hedonismo; no existen pautas éticas o morales obligatorias, solamente existe un relativismo moral muy grande según el cual cada quien obra como mejor le conviene.[7]

 

Ante la crisis que la racionalidad científica y ética enfrentan en la actualidad, la ética nietzscheana-posmoderna plantea la sustitución de: a) la razón por la emoción (emotivismo); b) la comunidad por el individuo; así como, c) la ética de leyes universales, de corte kantiano, por una ética subjetivista y nihilista.

4) La ética neoaristotélica-analógica.

En las dos últimas décadas del siglo XX y como respuesta al desafío nihilista de los filósofos posmodernos, han surgido propuestas que, si bien admiten la imposibilidad de fundar una ética universal, racionalista y de leyes, buscan construir una ética que se adapte a los tiempos modernos. Filósofos como MacIntyre, Strauss, Spaemann y Beuchot proponen retomar la ética aristotélica para lograr una mediación entre los ideales de la modernidad y las críticas posmodernas.[8] MacIntyre, por ejemplo, propone una ética centrada en las nociones aristotélicas de prudencia y justo medio a fin de poder mediar entre lo racional y lo emotivo, entre la ley y la circunstancia, entre el individuo y la comunidad; para así construir una verdadera polis planetaria en donde cada individuo y cada grupo puedan, de manera deliberativa, generar consensos.[9]

Etica y sociedad de la información

Ahora bien, en el contexto de la sociedad de la información, donde debería de privar la ética neoaristotélica-analógica del justo medio entre el marco de intereses de la economía de la información y la cultura de la información (que impulsaría la participación deliberativa y prudencial de todos sectores de la sociedad moderna: ciudadanía, empresarios, académicos, hackers[10], etnias, etc.) rige en en cambio una ética nietzschiana-posmoderna (cercana al despotismo tecnificado) que privilegia al individuo, cuyo único sentido de la vida es el monetario, y a las pequeñas y poderosas élites financieras que dominan e imponen su interés particular, generalmente de corte económico, sobre los demás.

Sobre este último punto se puede referir, por ejemplo, que un gran número de industrias que integran a la economía de la información rechazan firmemente que los usuarios de la internet practiquen el acceso no autorizado a sus bases de datos, ya que constituye entre otras cosas una violación al espacio privado; empero, dichas empresas no consideran que el envio de software espía a las computadoras de los usuarios (cookies, spyware, adware, etc.) constituya un acto en el mismo sentido. En el primer caso es delincuencia informática, en el segundo, estrategias para conocer las preferencias de los usuarios y darles un mejor servicio.

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La ética nietzchiana-posmoderna = esencia del despotismo tecnificado

Entender por qué la ética nietzschiana-posmoderna es la que en mayor medida ha privado para el desarrollo de la sociedad de la información responde a varias causas, algunas de ellas son:

a) La falta de reconocimiento del otro. Con la llegada de las NTCI el fenómeno de la virtualidad (Levy, 1995; Bilbeny, 1997; Queraltó, 2003) ha gestado un cambio sustancial en la percepción de la realidad y los sujetos. En los estudios históricos de la ética, la posibilidad de practicar ésta implica un reconocimiento del otro en el sentido humano; sin embargo, con el fenómeno de la virtualización el otro ya no es tal, sino sólo su representación en bits y esta desdibujación de lo humano debido a lo virtual aún no cuenta con una base sólida para promover valores o hábitos en el sentido ético.

b) El conflicto normativo. En un segundo momento la desterritorialización que han generado las NTCI impide implementar con un corpus de normatividad homogéneo en cuanto a la utilización ética de los artefactos tecnológicos. Las distintas leyes que a nivel local, nacional y regional existen, muchas veces con distintos matices acerca del mismo asunto, dificultan la conservación del vínculo social además que promueven un segundo derecho que se suma al producido históricamente; el derecho autoproducido por empresas y ciudadanos en su relación con las NTCI. Bajo este escenario se vuelve complejo promover la acción humana en su carácter racional y general.

El conflicto laboral. “El actual sistema ha supuesto también un cambio inesperado de escenario laboral. Rige todavía el principio de la división del trabajo, pero no con la garantía de una especialización planificable, como antaño, sino al ritmo desigual de una especialización espontánea, en estrecha relación con las mutaciones de la tecnología. (…) Entre ambos fenómenos se ha desacralizado el papel del trabajo en el orden de la cultura, pero se ha perdido de paso un cierto ethos o sentido ético del trabajo que reconoce su importancia en la vida de cada uno…”[11]

d) La racionalidad tecnológica. La mentalidad implícita en el desarrollo y uso de las NTCI responde en mayor medida a criterios de “eficacia operativa (Queraltó, 2003)” que a criterios de eficacia social:

 

“… aquí la importancia reside en el funcionamiento de modo eficaz, o sea, dicho muy simplificadamente, que introducidos ciertos inputs se obtengan ciertos outputs, sin interesar primariamente el porqué se obtienen, sino más bien atendiendo al simple hecho de que se pueden obtener esos outputs. (…) En definitiva, la racionalidad tecnológica es una racionalidad de la operatividad y de la pragmaticidad, constituyendo la eficacia operativa su ‘por qué’”[12]

 

Es decir, existe la tendencia a privilegiar la eficacia operativa de la tecnología (sus outputs) sin englobar a ésta dentro del marco de la eficacia social (¿Para qué se requieren esos outputs?), lo cual termina por promover una práctica de la tecnología despojada del valor del justo medio que promueve la ética neoaristotélica-analógica.

 

 

 

[1] BEUCHOT, Mauricio (2004) Ética. México, Torres Asociados. Pág. 73.

[2] LOUM, Ndiaga “Internet y regulación: La ética y la deontología prevalecen sobre el Derecho” en CROVI, Druetta (coord..) (2004) Sociedad de la información y el conocimiento. Argentina, La Crujía ediciones. Pág. 301.

[3] Cuya característica es anteponer un fin que, con base en la experiencia, se considere deseable.

[4] PLATTS, Mark (comp.) (1988) La ética a través de su historia. México, UNAM Págs. 23-32.

[5] Las cuales se centran por anteponer un deber universal, considerado independiente de la experiencia.

[6] BEUCHOT, Mauricio (2004) Ética. México, Torres Asociados. Págs. 51-52.

[7] BEUCHOT, Mauricio (2004) Op. Cit. Pág. 65.

[8] BEUCHOT, Mauricio (1996) Posmodernidad, hermenéutica y analogía. México, Porrúa. Pág. 11.

[9] MACINTYRE, Alasdair (1987) Tras la virtud. Barcelona, Crítica. Págs. 7-15.

[10] En particular de la comunidad GNU/Linux y su propuesta de una ética científica que, por su carácter social, adscribe los principios comunitarios de la ética neoaristotélica-analógica.

[11] BILBENY, Norbert (1997) La revolución en la ética. Hábitos y creencias en la sociedad digital. Bercelona, Anagrama. Pág. 16.

[12] QUERALTÓ, Ramón (2003) Ética, tecnología y valores en la sociedad global. El caballo de Troya al revés. Madrid, Tecnos. Pág. 57.

 

CRÉDITOS:

Autor: Doctor Jorge Alberto Lizama Mendoza. UNAM-México, 7 octubre 2018

(este es un fragmento de mi tesis de doctorado)

Fuente Original: https://cybermedios.org

También publicado en Steemit: https://steemit.com/@cybermedios.org

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