El Planeta Rothschild se salva… siempre que seamos nosotros los que sobramos

La Razón nos ha iluminado con una revelación digna de Nobel: «El futuro del planeta depende de una medida: reducir la población a la mitad».

¡Bravo! Por fin alguien se atreve a decir lo que todos pensábamos mientras pedíamos el segundo café con leche de avena y mirábamos el móvil fabricado con minerales de tres continentes. La solución al cambio climático, a la pérdida de biodiversidad y al agotamiento de recursos no es innovar, ni consumir menos, ni dejar de volar a Davos. No, señor. Es simplemente… que desaparezcamos la mitad.

Ahora bien, surge una duda pequeña, casi insignificante: ¿por qué no empiezan ustedes?

Porque, qué casualidad, los que escriben estos titulares, firman estos informes y dan estas charlas motivacionales sobre “menos humanos = más planeta” suelen estar muy ocupados sobreviviendo. Tienen hijos, nietos, segundas residencias, viajes en avión privado y una agenda repleta de congresos donde se habla de reducir población… sin incluir a los asistentes, claro.

Es como si el capitán del Titanic gritara “¡Hay demasiada gente a bordo!” mientras se sube al primer bote salvavidas con su champán.

Y aquí llega lo más tierno: los eugenistas de toda la vida siempre han tenido esta genialidad moral. Ellos nunca sobran. Sobran los otros. Los pobres, los del sur, los que no leen The Guardian, los que tienen demasiados hijos o los que simplemente no están en la lista VIP de “personas imprescindibles para el planeta”. Es una tradición preciosa: “Hay que reducir la población… empezando por los que no somos nosotros”.

Imaginen la escena: un panel de expertos en sostenibilidad, todos con reloj de 5.000 euros, mirándose unos a otros y diciendo con cara grave:

—Hay que bajar a la mitad.

—Sí, sí… ¿quién se apunta?

—…

—Bueno, mejor lo dejamos para la gente de fuera.

Así que, queridos salvadores del planeta, si de verdad creen que la humanidad es un virus y que el futuro depende de que seamos menos… el primer paso es fácil. Den ejemplo. Reduzcan su propia contribución genética. Den de baja su línea sucesoria. Cancen su existencia de forma ejemplar.

Hasta entonces, perdonen si nos reímos un poco. Porque nada resulta más divertido que ver a alguien predicar el sacrificio colectivo mientras se asegura, con absoluta elegancia, de que el cuchillo nunca le llegue a él.

FUENTE

¡Qué generosos! El planeta se salva… siempre que seamos nosotros los que sobramos

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