Los intelectuales como legitimadores de los mayores poderes y sus guerras

El astrónomo y escritor Carl Sagan nos advertía hace ya un largo tiempo que la historia, nuestra historia, está llena de gente que por temor, ignorancia o ambición han propiciado y originado verdaderas catástrofes. Nos mostraba como la destrucción del saber acumulado durante generaciones y el abandono de la sabiduría y ciencia clásicas tenían su raíz en esos males humanos. Lanzaba, Sagan, una acusación directa y certera contra los intelectuales de las letras y ciencias:

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No hay noticia en toda la historia de la biblioteca [de Alejandría] de que algún ilustre estudioso o científico hubiese desafiado seriamente alguna vez un solo supuesto político, económico o religioso de la sociedad en la que vivieron. La permanencia [inmutabilidad] de las estrellas fue cuestionada, pero la justicia de la esclavitud no.

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La indiferencia o cobardía en denunciar las injusticias y abusos que se cometían, marginando, oprimiendo y explotando a amplios sectores sociales que no se beneficiaban de los logros y riqueza que traían el conocimiento y las tecnologías que de él se derivaban, creaba un sustrato lleno de resentimiento e ignorancia que haría imposible la paz social y, en consecuencia, el florecimiento y extensión generalizada de la cultura y la ciencia, que acabaron ellos y ellas destruyendo y olvidando lo que se sabía, generando un rápido e inexorable marchitamiento de algo que pudo haber sido y no fue.
Los seres humanos no han cambiado, se mantienen en su empecinamiento y egoísmo y siguen en su mayoría indiferentes al sufrimiento ajeno, y lo que es tanto peor, a las causas que lo generan. Pocos se atreverán, como entonces en Alejandría, a cuestionar las decisiones políticas o económicas de los dirigentes que desencadenan grandes dramas claramente evitables.

El problema con los intelectuales es que les encanta pretender que son críticos del poder cuando en realidad lo legitiman. Por ejemplo, lamentarán que nuestros gobiernos occidentales no hacen lo suficiente para promover nuestros valores (a través de intervenciones y subversiones), lo que, por descontado, refuerza el concepto de que “los nuestros” o “nuestros gobiernos” hacen eso de buena voluntad, algo de lo que conviene dudar, como trato de explicar en mi libro.

Estos intelectuales en ocasiones son criticados, ¿pero por quién? En general por figuras marginales, creo. Siguen dominando en los medios de comunicación y en la esfera intelectual.

En muchos casos la corrupción de los intelectuales se traslada a la sociedad por su influencia, por su capacidad persuasiva. Son utilizados por sus dueños como instrumento degradador de la dignidad y empatía humanas.

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FUENTE y articulo completo en ¿Es posible la paz? (link)