También, es la destrucción absoluta de la mujer: “”Whiskas, Satisfyier y Lexatin”

Flora es una mujer libre e independiente. Nacida a principios de los 90 en algún punto de la España vaciada que le cuesta confesar, sobre todo cuando está malasañeando o chuequeando los findes por la mañana.

 

Se lo ha montado bien. Vino a estudiar a Madrid hace algunos años y ahora ha alquilado un pisito en un antiguo inmueble con corrala, pero reformado. Lo paga caro, aunque ella es feliz en su barrio que cuatro fachas tildan de «estercolero multicultural». Tiene a un tiro de piedra la zona de Embajadores, que un conocidísimo grupo editorial ya considera como uno de los más cool de Europa, algo que le llena de orgullo y satisfacción. A veces, cuando va a cenar al restaurante armenio de la esquina dedica una sonrisa a Mamadou, recién llegado de Costa de Marfil vía Mauritania, y un sentimiento de solidaridad la invade. Subió una foto con él a Instagram: hashtags #blacklivesmatter #lasrazasnoexisten #picoftheday.

Como Andrea Levy, Flora enloquece bailando la versión que Ojete Calor ha hecho del Agapimú. Eso sí, ella baila sola. O más bien con su grupo de amigos gais y alguna amiga. Pasa de complicarse la vida con los tíos. Después de una relación traumática con su novio detodalavida -con el tiempo se dio cuenta de sus innumerables micromachismos-, y alguna que otra decepción, no se plantea nada. Solo escoge en Tinder. Flora ha conocido más hombres que la Tacones, pero se siente muy empoderada. Hasta tal punto que acaricia la idea de intimar con una mujer… De todas formas, cuando la cosa no está muy boyante siempre puede utilizar el artilugio rosa a pilas -que compró con descuentazo de Black Friday-  después de una copa de Verdejo. Si eso no la ayuda a dormir, tirará de ansiolíticos. Mañana lo comentará con un coach que ha empezado a ver; están trabajando la resiliencia y la actitud disruptiva. A Flora le gusta mucho pensar out of the box.

Flora está abonada a todas las plataformas de entretenimiento posibles. En Twitter comenta que está esperando con muchas ganas lo último de David Simon sobre las Brigadas Internacionales, pero en el fondo le gusta Emily in Paris y su placer culpable son los realities donde fornidos maromos intiman, o pretenden intimar, con el sexo opuesto -si es que el sexo opuesto existe y no es un constructo social-. Flora nunca se ha puesto «como las Grecas», si acaso pequeños excesos alcohólicos y benzodiacepinas que toma a escondidas, pero le encanta decir que se pone «como las Grecas». Algún finde, sola y para acompañar la enésima reposición de Friends o Sexo en Nueva York, pide un exceso de grasas e hidratos de carbono a cualquier aplicación que ha descargado en el iPhone. Le trae la manduca Wilfredo, por el que tiene menos simpatía que por Mamadou. Quizá el problema estribe en que el pobre Wilfredo tiene una pinta demasiado heteropatriarcal y cristiana.

Flora es víctima de todos los «soma» que ofrece la posmodernidad: comida basura, tranquilizantes, entretenimiento «penevulvar» –Juan Manuel de Prada dixit– y la tecnología que producen los hechiceros repartidos entre Nueva York y el Valle del Silicio. Al menos tiene en común con ellos que es pro Biden y que le cae bien Mamadou.

Se sintió aliviada cuando leyó en un tuit de Clara Serra que había que cabalgar las contradicciones sin culpa. La exdiputada de Podemos se refería al feminismo argentino que rinde culto a Maradona, pero Flora ha comprendido así que los «lunes sin carne», que lleva a rajatabla, no están reñidos con el buey de Kobe que se calza cuando sale a cenar al japo con las de la «ofi». Sin embargo, ella no es de Podemos. Prefiere todos los -ismos con el barniz de Ciudadanos, que le da un aspecto más aseado al asunto.

Políticamente Flora es un grifo de agua templada. Gasta la ideología de un yogur desnatado: liberal tirando a la izquierda.

En las últimas elecciones votó al PSOE para frenar a «la ultraderecha fascista», porque lo único que no admite Flora son los «fachas». Trabaja duro para ahorrar y cumplir algún día su sueño: ser la CEO de una empresa de cosmética libre de crueldad animal o de manufactura de bolsos veganos personalizables. Lo que surja.

El historial de Google revela su ultima búsqueda: «congelar óvulos».

FUENTE:

Whiskas, Satisfyer y Lexatin

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